Tan solo esta noche

Ven, déjame abrazarte esta noche.

Abandona esos pensamientos inquietos, que te cierran en una burbuja aislada de la realidad. Déjalos atrás por mí, tan solo esta noche. Sé que mi petición no es fácil de satisfacer, que intentas resistirte, pero te atrapan con fuerza. Sé que quieres, pero no puedes. No te preocupes, yo estaré aquí a tu lado, cogidos de la mano sabrás que no estás sola.

Quizás sea mi imaginación, pero creo haberte visto sonreír. Fue fugaz, pero por un momento me pareció volverte a ver. A ti, tal y como te recuerdo, ocultada en el fondo de tanto desorden y caos. ¿Te acuerdas cuando sonreías Sigue leyendo

Por ti

Llevo todo el día pensando en ti.

Quizás parezca una declaración de lo más común, pero para mí, en este momento de mi vida, resulta ser un acto de rebeldía. Prometí no volver a enamorarme y mira lo que has conseguido… Pero cómo no hacerlo, cómo no sentirme atrapado en tus abrazos, que sin palabras calman todas las preguntas que ni si quiera he formulado. Esa mirada tuya al abrir los ojos por la mañana, que acompañas una sonrisa dedicada a mi nombre. Esa ternura con la que me miras, difícil de olvidar Sigue leyendo

Por siempre jamás

Yo siempre estuve enamorado de ti. Tú nunca me correspondiste.

Tampoco te di opción a defenderte, pero tu cuerpo hablaba por sí mismo: contestaba, inconsciente a preguntas que nunca te hice. Aunque quizás recuerde mal, quién sabe, hace tanto tiempo que perdí la cuenta de los años.

Recuerdo, eso sí, mirarte y sonreír. Atrapado, muy a gusto, en ti. Enganchado a tu risa, tus gestos, tu voz, tu olor… en eso no me falla la memoria, lo tengo claro. Dudo que nunca pueda olvidar Sigue leyendo

De excursión

Con gorra, pantalones pesqueros, gafas de sol de mi juventud y mochila en la espalda, me encontraba listo para emprender el viaje.

Tampoco era nada excepcional, un paseito por la montaña para pasar la mañana del sábado. Claro que quizás no era el mejor de los planes para realizar en pleno agosto. Para cuando llegué a la cima, tras dos horas andando, me encontraba al borde del desmayo. Tan solo pensaba en regresar. Para un día que salgo…

El camino de vuelta acompañaba en la bajada, pero estaba en reserva. Por cada trago de agua que daba, expulsaba dos con mi sudor. Al llegar al pueblo, vi un ventilador enorme en la terraza de un bar. ¿Acaso había mejor manera de celebrar la caminata? Elegí una mesa a la sombra y pedí una cerveza. Me la merecía.

Y así estaba yo Sigue leyendo

Las líneas de la mano mienten

Siempre me gustó leer las manos. No voy a decir que creyera en las lecturas, pero tampoco puedo negar que me gustaba pensar en ellas como un destino ya escrito. Especialmente cuando me gustaba lo que decían: ahí era un auténtico creyente.

Hoy me he mirado las manos después de mucho tiempo.  Sigue leyendo