Muchos años más

Él y ella se acaban de conocer. No importa cómo ni dónde, sus caminos se han cruzado por primera pero no última vez. Él la acompaña a casa y la despedida se extiende por muchas horas: resulta que el tiempo hace rato ya que dejó de importar. Ella pasa a buscarle a su casa: hacía mucho que no se veían, cuando por aquel entonces “mucho” apenas se medía en minutos. Se cuentan anécdotas que el otro escucha con admiración mientras poco a poco, con cada una de las historias se va moldeando su imagen de la persona con la que ya están compartiendo los que pronto serán los mejores relatos de su vida. El tiempo parece volar cuando están juntos y así, unidos, se sienten completos.

Un día, ella está con unos amigos y él cuenta una historia que ya había oído y sonríe recordando la primera vez que la escuchó. La tercera le resulta indiferente y a partir de la cuarta apenas presta atención. No quedará mucho hasta que esa misma historia que la hizo sonreír, comience a resultarle tremendamente pesada.
Un día, él se despide de ella, volverá pronto y se da prisa por terminar sus obligaciones para regresar a su lado, como siempre. Pero algo le distrae de vuelta a casa y tarda más de lo normal. La primera vez fue un imprevisto, la segunda quizás estuvo de su mano elegir y a la tercera le apetecía demorarse un poquito más, no tiene prisa. De pronto se encuentra buscando alternativas para tardar algo más en volver.

Ha pasado mucho tiempo, han vivido tanto juntos… Se conocen todas sus historias, también sus pequeños detalles. Tanto los especiales y maravillosos como los que los hacen imperfectos. De repente se encuentran con que no necesitan hablar para saber qué piensa el otro. De repente se encuentran con que no necesitan hablar.
Han pasado por tantas aventuras como altibajos, pero ahora por fin pueden disfrutar tranquilamente de la compañía del otro. Ya no hay conversaciones profundas, ¿para qué si saben cuál va a ser su respuesta? Ya no hay temas controvertidos, ¿cómo sacarlos cuándo ya se conocen los riesgos de abordarlos? El día a día lo conforma una batería de preguntas “¿cómo fue la mañana?” y de respuestas “bien, como siempre” predeterminadas.

Hoy, ya no importa por qué tardó tanto en venir del trabajo. Da igual no cenar fuera el fin de semana. Tampoco parece ser relevante no escucharse al hablar.

Hoy, una mirada al futuro les descubre que todavía les quedan muchos años más juntos para seguir siendo tan felices como lo son ahora.

 

Un placer explayarse con ustedes.

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