Una pequeña sonrisa

Supongo que todo cambia y el mejor reflejo de ello lo encuentro entre alumnos, sin ir más lejos.

Durante varios años les he transmitido las mismas enseñanzas día tras día y siempre bajo una serie de patrones invariables en el tiempo: exámenes, reuniones o notas altas y bajas entre los que siempre cabe destacar tanto por encima como por debajo algunos casos especiales y peculiares. Con el tiempo, aprendes a reconocer al tipo de estudiante que es cada persona y a como tratarle, si bien cada vez yo mismo soy más cascarrabias y menos dispuesto a cambiar, pero orgulloso de ello. Ni una sola vez, en toda mi docencia, se han renovado los pupitres de mi aula, como mucho de vez en cuando alguna silla fue sustituida por alguna otra con unos pocos menos agujeros con suerte.

Con todo esto y aun manteniéndose así todo lo expuesto constante, ¿dónde se encuentra este cambio del que os hablaba al principio? Una pista: es metálico, cabe en el bolsillo y vibra, aunque por desgracia para mí, esto no ocurre siempre y más de una vez me he visto obligado a confiscar algún que otro de estos aparatos del infierno.

Hace no mucho, los móviles llegaron para quedarse en las manos de adultos, jóvenes y para bien o para mal, de los más pequeños incluso. Son muchas las historias que han sido protagonizadas por estos dispositivos y si bien hace tiempo os hablaba de una ruptura a causa de los mismos, esta vez os traigo una historia un tanto diferente.

Todo comienza con ella, aplicada y responsable, de las pocas que presta atención durante mis explicaciones. Pensaba que ni siquiera tendría móvil, pues nunca la había visto con él, tampoco en los descansos, es por ello que me sorprendió tanto aquel día. La descubrí mirando su pantalla antes de comenzar la clase. Sus ojos se movían rápido, parecían leer con ansia y conforme avanzaba su voraz lectura, se iba dibujando una sonrisa en su cara que permanecía e incluso crecía cuando tecleaba su respuesta. Después, se le quedaba mirando fijamente a la espera del próximo mensaje. Me llamó la atención esa sonrisa, que parecía intentar disimular, pero la alegría y entusiasmo que despertaban en ella las palabras recibidas parecían tener más fuerza. Creo simplemente que la mejor manera de describirlo es “esa sonrisa de imbécil que te sale cuando te habla la persona de la que estás enamorado”

Huelga decir que en más de una ocasión me vi obligado a retirarle el móvil. Faltaría más.

Un placer explayarse con ustedes.

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