Jugar o no jugar

Una madre y sus dos hijos de unos siete u ocho años esperan en el médico. Uno de los niños, llevado por la curiosidad y pasión por jugar y divertirse que caracterizan su edad, corretea por la plaza en la que se encuentra el consultorio, imaginando mil historias en las que luchar contra todo tipo de monstruos. Su hermano por el contrario, permanece al lado de su madre y encuentra en su móvil toda la diversión que necesita con un juego que le entretiene.
Llegamos al momento cumbre de la situación. El explorador, el que se encuentra fuera jugando, entra al consultorio gritando a su hermano “¡ven a jugar conmigo!” A lo que su madre le reprime diciendo que no grite, pues allí hay personas enfermas que necesitan de silencio. Tras esto, el pequeño entra despacito en la consulta, se acerca a su hermano y en voz muy bajita le dice “ven a jugar conmigo” Pero su hermano le aparta y le contesta que no, está jugando al móvil y no quiere que le moleste.

He aquí el momento que me hace decidir narrar estos hechos. La pregunta es, ¿qué crees que hace la madre?

 

Le dice al pequeño juguetón que venga a dentro y juegue al móvil como su hermano. Por suerte, éste se niega y sale corriendo a fuera, al exterior. Se mete en un arbusto y a los diez minutos, vuelve corriendo para contar a su madre la aventura que acaba de vivir allá en lo salvaje.

Que salga, mujer, que salga. Estamos rodeados de pantallas: de televisión, de móvil, de ordenador o de algún reloj inteligente. Tu hijo tendrá tiempo de pasar horas frente a todas ellas y lo hará con gran soltura como buen nativo digital que es. Pero las de la niñez, esas horas en las que el mundo y la calle es tu campo de juego y la imaginación tu poderoso medio para conseguirlo, no se recuperan. Cuando crezcan, ya no volverán a correr por las calles y se olvidarán de lo que significaba “jugar” sin miedo ni prejuicios.

Ha pasado un rato desde que esperamos y el pequeño aventurero vuelve. Acaba de hacer un amigo con la facilidad e inocencia que solo un niño de esa edad sabe hacer. Otro chico tenía un frisby y le dijo de jugar con él. Ahora ambos pasan el rato fuera mientras su hermano sigue dentro, luchando por sumar más puntos.

 

Un placer explayarse con ustedes.

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