La imaginación de la nada

¿En qué piensas cuando vas en el autobús?

O en el metro, o andando de camino a casa. En las cosas que has hecho hoy, ¿no? O quizás en las que vas a hacer. En recuerdos lejanos del pasado, o incluso planificas qué quieres hacer en verano. Pensarás, probablemente, en la letra de esa maldita canción tan pegadiza, o en por qué ese hombre Sigue leyendo

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Mi burbuja

Quisiera vivir en una burbuja. Aislado del resto del mundo y de sus problemas. ¿No sería maravilloso? En mi burbuja, no existirían los problemas, todo sería cuándo y cómo yo quisiera. No habría lugar para las preocupaciones porque no nuestras decisiones no darían lugar a consecuencias No habría odio, crimen, guerras ni envidia. No habría miedo. Tampoco Sigue leyendo

La primera de muchas

Es una guerra que, si bien nunca debió de haber tenido lugar, lamentablemente ya está escrita en el tiempo. Comenzó hace mucho, no sé cuándo exactamente ni cuál fue el detonante. Quizás ni siquiera hubo una sola razón desencadenante de todo cuanto sucedió después, sino más bien como ocurre en toda guerra Sigue leyendo

¿Cómo expresarlo?

Ya no sé si se trata de una actitud egoísta o si realmente hay algo de razón. Últimamente predomina mucho la duda (por cierto, qué palabra tan relativa, “últimamente”, ¿serán días, semanas o meses?) y por tanto se hace difícil encontrar la claridad en un contexto tan pantanoso donde cada detalle tiene tantas maneras de contemplarse que apenas hay verdad sobre el mismo que sobresalga. ¿Será que Sigue leyendo

El olvido de una idea

Todo comienza con un simple pensamiento en el basto caos de imaginación, tan solo eso, una idea fugaz que apenas recibe atención y pasa desapercibida para caer más tarde en el olvido junto a tantas otras fantasías fruto de mi cabeza. Queda abandonada y sin fuerzas para prevalecer.

Sin embargo, cierto día, llega Sigue leyendo

Cuida tus palabras

Despacio, ¡no tan rápido! Cuidado no vayas a decir… lo primero que se te pase por la cabeza. ¿Lo ves? Lo has vuelto a hacer. Si me escucharas no tendrías estos problemas y dejarías de decir cosas que no piensas. Te lo he dicho mil veces, siento ser la voz de la razón, pero tienes que hacerme caso. Vamos allá otra vez: lo primero de todo, cállate. Así, muy bien, mucho mejor. Ahora que no estás molestando con todas esas palabras vacías, si te das cuenta, podrás oír lo que piensas. ¿Lo tienes? Perfecto, pero aún no hemos acabado, ahora tienes que… no, ¡no! Sigue leyendo